15 M: formas generacionales y pasiones colectivas

15 M: formas generacionales y pasiones colectivas

Marcello Serra, doctor europeo en Periodismo por la UCM. Mediólogo. Miembro del Grupo de Estudios de Semiótica de la Cultura (GESC) UCM. Ponencia en 15-M: la construcción del acontecimiento (Madrid, F. de CC. de la Información, 31 de mayo de 2011)

He empezado a pensar que el movimiento del 15 M era algo importante en el momento en el que me he dado cuenta de que de que me había equivocado sobre ello. En concreto, subestimé la manifestación que está al origen del acontecimento y también los primeros días de acampada, ya que consideraba que las revindicaciones eran vagas y casi pueriles.

Las objeciones que tenía siguen pareciéndome razonables, pero la verdad es que estaba razonando con prejuicios, es decir con ciertas categorías estables, que funcionan bien para orientarnos en los momentos de previsibilidad. Sin embargo, cuando las categorías conceptuales que se suelen utilizar empiezan a fallar es síntoma que quizás se está  viviendo un momento explosivo, una situación en la que hay muchos futuros posibles, en la que la indeterminación es alta y es grande el sentido que viene de la prosecución de los acontecimientos (justamente porque estos son imprevisibles y podrían evolucionar de muchas formas diferentes).

Yuri Lotman (S. Petersburgo,1922-Tartu, Estonia, 1993) Lingüista y semiólogo ruso

A partir de aquí, me gustaría empezar recordando dos ideas. La primera, que lanzo y que dejaré un poco flotar en el aire, es la afirmación de Yuri Lotman por la que estratos diferentes de la cultura se mueven a velocidades diferentes. La moda, por ejemplo, cambia mucho más rápidamente que el lenguaje, y también la sociedad civil evoluciona más de prisa que la sociedad política.

Herbert Marshall McLuhan (Canadá, 1911-1980) Filósofo

La segunda idea es de Marshall McLuhan, que retoma una frase de Peter Drucker: «en todas las situaciones, sólo el 10% de los hechos constituyen los orígenes de los que el restante 90%  no es nada más que las consecuencias». En la interpretación de McLuhan esto significa que para entender el 10% de hechos importantes hay que ir a la misma velocidad de movimiento de nuestro momento histórico. Si miramos una pelicula cinematográfca, observa McLuhan, no vamos a entender nunca el sentido de movimiento del cine.

Gianpiero Gamaleri (Milán, 1940). Periodista y profesor de Sociología de los procesos culturales y comunicativos en la Università degli Studi Roma Tre

Otro ejemplo eficaz para entender el concepto lo propone Gianpiero Gamaleri, que habla de la foto deportiva. Si queremos fotografiar a un coche o a una moto durante una carrera tendremos que mover el objetivo en la misma dirección en la que se mueve el sujeto. De esta manera, el ambiente saldrá borroso, pero fotografiaremos con nitidez al sujeto en el que estamos interesados. Al contrario, si no movemos la cámara, obtendremos una imagen nítida del entorno inmóvil, pero resultará invisible la moto, es decir aquel «10%» que nos interesa.

Siguiendo en la metáfora, se puede observar como, en estos días, los periódicos se han ocupado mucho de las elecciones del 22 de mayo y de sus consecuencias en la política institucional; en otras palabras han reflexionado sobre el 90% inmóvil de la actualidad, mientras que no saben como observar ese 10% que está en movimiento y que, yo creo, está representado por el movimiento del 15 M.

Además, también en el interior del movimiento hay una serie de cosas que van muy lentamente; son los comunicados, las decisiones, las propuestas, es decir todo el contenido explícitamente enunciado. Y, justamente, los periodistas y muchos de los analistas políticos han estado opinando sobre este contenido: qué dicen estos jóvenes, qué no dicen, qué propuestas concretas hacen, etc., etc. Al límite, razonan sobre el influjo, posiblemente inexistente, que el movimiento tiene en la política institucional. En otras palabras, se  tilizan categorías tradicionales, que permiten observar al 90% de los hechos, es decir todo lo que está inmóvil y no tiene importancia.

El resultado es el de no percibir algo que en este movimiento, al contrario, va muy rápido, y cuya velocidad tenemos que alcanzar si queremos entender su significado. No se trata de los contenidos que son expresados, sino de la forma del movimiento.

Karl Mannheim (Budapest, 1893, Londres, 1947) Sociólogo

Al respecto, la primera referencia que se me ha ocurrido ha sido el clásico libro de Karl Mannheim sobre las generaciones. En particular, Mannheim sostiene la idea que la aparición efectiva de un nuevo estilo generacional dependa del proceso social y cultural, que pone la «chispa» inicial. Según su teoría, una generación existe efectivamente, es decir que tiene una forma y un estilo específico, sólo después de que haya acontecido una «desestabilización dinámica», una experiencia colectiva que funcione como destabilizador social y cultural y permita a una generación encontrar su identidad diferenciándose de las precedentes.

«Desestabilización dinámica», escribe Mannheim, y pensamos, por ejemplo, en el ’68. La cuestión es que llevo más de dos semanas con la sensación que, dentro de unos años, leyendo tales palabras, nos vendrán a la memoria estos días. Y si esto es verdad significa también que esta experiencia servirá de modelo, de origen mítico y utopico para formas de socialidad y de política futuras.

Las formas antes de todo, decíamos. Al respecto, una característica muy evidente es la ausencia de ideología, también en el sentido neutro de capacidad de autodefinirse políticamente y, entonces, de proporcionar una imagen de sí. «Ninguna bandera» es una de las contraseñas y esto proporciona una distancia no sólo una distancia respecto a las luchas políticas de los años 60 y 70, donde las ideologías eran claras y los objetivos definidos, sino también respecto a las multidudes de los años zero, es decir al movimiento impropiamente llamado «no-global», que era formado por una constelación de entidades diferentes pero cada una dotada de una identidad estable.

Aquí, al contrario, se ha empezado de la nada o, lo que es lo mismo, de una manifestación por la democracia real, de una serie de revindicaciones tan vagas que han conseguido interceptar un malestar difuso e informe. En otras palabras, se trata de un movimiento inicialmente atelico, sin finalidades precisas, pero que busca en la dinámica de su evolución unas razones, una forma, una ideología. Un ejemplo de esto se puede ver en el hecho que una asamblea abierta a todos ha decidido (!), o como se prefiere decir ha consensuado, que se trata de un moviminto revolucionario y no reformista. Decisión que ha llevado al problema de establecer que es lo qe se considera revolucionario, porque ya que nadie tiene más autoridad que los demás, tampoco la tienen el diccionario, la historia o la ciencia política.

En todo caso, aunque se hubiera decidido el contrario, la forma de este movimiento habría sido igualmente revolucionaria, simplemente por el hecho de representar la expresión de una cumplida evolución tecnosocial. Por primera vez se observa, a escala masiva, no sólo una coordinación sino también una traducción perfecta, casi una superposición, entre la conexión de las redes inmateriales y la comunicación de los cuerpos, entre el contacto de los social network y el contagio pasional de la plaza. Y es justamente esta práctica de red que permite una reconstitución de la división entre medios y fines, división que ha estado a la base de la política del siglo XX y sobre la que se ha desarrollado la separación entre sociedad civil y sociedad política.

Pierre Lévy (Túnez, 1956) profesor de Comunicación en la U. de Otawa

Todos sabemos lo que está pasando en Sol, en toda España y en el resto de Europa. No lo voy a repetir, pero sí quiero repetir que lo importante no son las revindicaciones concretas que se hacen y, ya que no hay soberanía, tampoco creo que es correcto decir que se trata de un experimento de democracia representativa. Lo que al contrario me parece importante es el mensaje que es posible hacer política de manera diferente, según un modelo que sigue las dinámicas de la red y que, según esta lógica, está intentando organizarse a nivel glocal. Para describir el espacio antropológico de la inteligencia colectiva, que en su modelo teórico deriva de la tecnología de la red, Pierre Lévy hablaba de «universal sin totalidad» y, ahora, quizás haya llegado el momento de devolverle un poco del credito perdido a ventaja de pensadores más equilibrados, pero menos interesantes.

En todo esto, la pregunta es ¿qué pinta aquí la indignación?

Desde mi punto de vista, nada. Creo que la indignación no es la causa ni tampoco el éxito de lo que está pasando ahora, y me parece incluso poco generoso hacia la complejidad de este movimiento definirlo a través del concepto de indignación, que se ha pegado al movimiento como un mendigo a la salida de la misa, y, fundamentalmente, por estar «disponible» en el discurso  gracias al éxito del libro de Stéphane Hessel.

Banalmente, en el movimiento no se ven caras indignadas y, en general, un movimiento no se puede sustentar en una pasión puntual, es decir que, por definición, no puede durar mucho tiempo. El diccionario RAE define la indignación como «enojo, ira, enfado vehemente contra una persona o contra sus actos». Prácticamente idéntica es la definición de su sinónimo /cólera/, cuyo primer significado, siempre por la RAE, resulta ser «ira, enojo, enfado».

Algirdas J. Greimas (Tula, Rusia, 1917, París, 1992). Lingüista

En semiótica, la cólera ha sido objeto de un famoso análisis de parte de Algirdas J. Greimas y se presenta como el éxito de una secuencia que implica una sucesión de ‘frustración’, ‘insatisfacción’ y ‘agresividad’. En esta secuencia juega un papel decisivo la ruptura de una relación casi contractual con otro sujeto, la decepción debida a una confianza que se revela mal depositada y que, al final, conduce a un repentino brote de rabia.

Probablemente, establecer una sinonimía perfecta entre indignación y cólera no sea del todo correcto, pero es evidente como la configuración pasional colectiva que se observa en el movimiento 15 M es de orden muy diferente. En concreto, y de una forma que concuerda con el carácter emergente y autopoiético del movimiento, me parece que, a la base, hubo un sentimiento menos definido, y en concreto una desconfianza indefinida hacia la política y/o los políticos, un malestar, una insatisfacción generalizada.

Jacques Fontanille (Francia, 1948) Catedrático de Semiótica en el Instituto Universitario de Francia

Esta situación, en el esquema pasional canónico propuesto por Greimas y Fontanille, correspondería al momento de la constitución, es decir, de la etapa en la que el sujeto está en condición de conocer una pasión y, fundamentalmente, es receptivo respecto a cualquier estímulo pasional que proceda del ambiente circunstante. De aquí, en un  segundo momento, el potlach de los cuerpos acampados y reunidos ha favorecido un contagio eufórico, una comunidad en principio simplemente fática, luego simbólica y, ahora, quizás política. Sin embargo, esta comunidad no está unida por un sentimiento previo de indignación ni, diría, de ninguna pasión predeterminada. Entre otras cosas, las pasiones definidas, lexicalizables, tienen todas un recorrido predeterminado, o sea previsible. Al contrario, lo que se ha observado en estas semanas ha sido un paciente proceso de adecuación, tanto pasional como decisional. Un hecho que concuerda con una de las características principales de los momentos explosivos de los que habla Lotman: la posibilidad de crear verdaderas novedades, la oportunidad de traducir lo intraducible.

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