Lo bizarro en la semiótica de la cultura

Lo bizarro en la semiótica de la cultura

Jorge Lozano

Según el Diccionario de Autoridades bizarro es sinónimo de lozano. Y bizarro es diferente en inglés, en francés o en vasco. A veces se relaciona con valentía, con coraje, con gallardía, con lozanía… a veces, el lexema contiene “barba”. Y ninguna de esas acepciones tiene que ver con lo que un joven hoy entendería por bizarro en el contexto (sic) de un festival de música.

Me temo que todo ello puede desesperar a un filólogo y en cambio hacer las delicias de un semiólogo que considera que un lexema es también un sedimento cultural que hace variar su campo semántico.

En todo caso, acudiendo al Diccionario podemos ir acotando el concepto de bizarro situándolo entre algo extraño, extravagante y, por otra parte, sorprendente.

En lo extraño y lo extravagante estamos en un caso de periferia de una semiosfera tal como la describe la semiótica de la cultura; y en concreto, Lotman. Extraño y extravagante gracias a su prefijo ex – y a su prefijo extra- se encuentran efectivamente alejados del centro de una determinada cultura situándose principalmente en los confines, en el límite de ese espacio semiótico que curiosamente es el lugar privilegiado de la innovación y de la traducción. Es lo que los sociolingüistas denominan zonas de contacto que hacen emerger nuevas lenguas como el suajili, chicano, etc.

Es el lugar de mayores intercambios simbólicos y la zona privilegiada por donde entran fenómenos en principio escandalosos y que ulteriormente se adoptarán; estoy pensando en las modas que vienen del extranjero, que se adoptan y adaptan con mayor facilidad precisamente porque vienen de fuera, de lo exterior de lo extranjero.

Por otra parte, en su segunda acepción lo sorprendente supone una dimensión que en semiótica llamaríamos patémica o tímica para señalar que la sorpresa puede suponer una modificación pasional en un conjunto de familias de pasiones que va desde el miedo disfórico al entusiasmo eufórico.

Y por otra parte, sorprendente afecta a un horizonte de expectativas en el que se acentúa lo imprevisible, lo inesperado, etc. que puede no sólo modificar lo continuo, lo gradual, sino además producir lo que en física se llamaría turbulencia, que se encuentra en el polo opuesto de lo predecible.

En un capítulo “El tonto y el loco” de Cultura y Explosión Lotman habla de la contraposición binaria del tonto y el loco que permite hablar de tonto versus inteligente e inteligente versus loco en una estructura ternaria tonto-inteligente-loco.

Las acciones del tonto, dice, son estereotipadas, sus actos son absurdos pero totalmente previsibles. Al tonto se contrapone el inteligente cuyo comportamiento es definido como normal (su comportamiento es también previsible, es descrito como norma y corresponde a las formulas de las leyes y a las reglas del uso).

El tercer elemento es el comportamiento insensato del loco que tiene como es obvio un  carácter de imprevisibilidad. En este último caso, quiero subrayar en las ideas de Lotman la eficacia de lo imprevisto de una acción “porque saca al adversario de la situación habitual para él”. El ejemplo que pone Lotman es en la epopeya escandinava el caso de los berserkir: el berserkir es un guerrero que se encuentra constantemente en el momento de la lucha en un estado de “locura bélica”. Participa en el combate desnudo o cubierto sólo con una piel… en el combate se vuelve semejante a una fiera, muerde su propio escudo y se arroja sobre los enemigos violando todas las normas del combate.

Como caso de lo bizarro en este sentido lotmaniano cabe recordar el capítulo veinticinco de Don Quijote de la Mancha en el que el famoso Amadis de Gaula desdeñado de la Señora Oriana (… mudando su nombre en el de Beltenebros) hace penitencia en la peña pobre.

Cuando esto cuenta Don Quijote, Sancho le pregunta: “Pero vuestra merced, ¿Qué causa tiene para volverse loco? ¿Qué dama le ha desdeñado?”. A lo que contesta Don Quijote: “Ahí está el punto –respondió Don Quijote-, y esa es la fineza de mi negocio; que volverse loco un caballero andante con causa, ni grado, ni gracias: El toque está en desatinar sin ocasión y dar a entender a mi dama que, si en seco hago esto, que hiciera en mojado”.

Tras la respuesta podemos leer: “Y desnudándose con toda prisa los calzones, quedó en carnes y en pañales y luego, sin más ni más, dio dos zapatetas en el aire y dos tumbas la cabeza abajo y los pies en alto, descubriendo cosas  que por no verlas otra vez, volvió Sancho la rienda a Rocinante y se dio por contento y satisfecho de que podía jurar que su amo quedaba loco”.

Lo bizarro pues podemos concluir atañe a un comportamiento extravagante, extraño, imprevisible… que produce sorpresa, a veces en contacto con lo “loco” en el sentido en el que hablaba Lotman y al mismo tiempo, una sorpresa en el sentido de display retórico donde se señala en la innovación el lugar del confín y sobre todo del umbral.

Si Paolo Fabbri pone como ejemplo a Cattelan yo propongo las siguientes imágenes de Saul Steinberg:

En estas imágenes creo quedan perfectamente delineado lo hasta ahora dicho. No en vano, Roland Barthes escribió un breve texto, All except you, para un catálogo de la Galeria Maeght sobre Steinberg. Del texto se pueden entresacar afirmaciones como ésta: “Trasgredir es atravesar un límite prohibido. El marco de la imagen es ese límite, y Steinberg lo trasgrede”. O “el marco no se destruye se trasgrede, la subversión de una forma no se hace mediante su forma contraria, sino de una manera más retorcida: se finge mantener la forma pero se le adjunta un desbordamiento que la anula”.

Se pregunta Barthes y creo que esto coincide con nuestra propuesta de la sorpresa en lo bizarro: “¿Cómo puede una ¬imagen dar ideas? Sin embargo, Steinberg las da. O más bien – algo más valioso- da ganas de ideas”.

Al situarse, como lo bizarro, en las zonas de contacto de diferentes sistemas semióticos Steinberg es definido así por Barthes: “Creador del jeroglífico sin solución, Steinberg se sitúa en la encrucijada de las tres prácticas: la del generador de enigmas –la Esfinge-, la del geómetra – creador de líneas- y la del escriba”.

De las distintas categorías extraño, imprevisto, impredecible, extravagante, sorprendente… cabría pensar que ese estrato semántico podría incluir también la impertinencia. Curiosamente, uno de los parágrafos del texto se intitula im-pertinencia donde hace referencia al punto de vista en el que el observador elige situarse para observar el lenguaje (el fonólogo estudia los sonidos bajo la pertinencia del sentido, la fonética bajo la pertinencia de la fisiología de los órganos de fonación, etc.).

Toda infracción de esa pertinencia es una im-pertinencia y añade Barthes refiriéndose a unos personajes en las calles vistos dibujados desde arriba, sin desviarse de la vertical: “Y eso son en efecto las siluetas de Steinberg: son impertinentes, están deformadas por la mirada desde arriba, estiradas, aplastadas excesivamente, etc. Con este simple cambio de pertinencia el artista crea, una humanidad improbable, tanto o más impertinente cuando que estos seres parecen mirar pensativamente desde abajo al creador extravagante que desde lo alto los dibuja y los mira”.

Lo bizarro, en fin, puede ser visto como un efecto especial de sentido, que cobra su máxima pertinencia dentro de una semiótica de la cultura, única capaz de abordar sus confines, sus umbrales y sus límites.

Jorge Lozano es catedrático de semiótica y profesor del Máster en Investigación en Periodismo: discurso y comunicación -MUIP- de la Universidad Complutense de Madrid
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