Los enamoramientos

Los enamoramientos

LibroJavier Marías

Alfaguara, Madrid, 2011

Por Antonio Dueñas

 Cuando éramos adolescentes nos gustaba ensimismarnos con aquel par de versos de Bécquer (tan románticos en apariencia): ¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos! Parece que con demasiada frecuencia no es así: los vivos nos ocupamos en exceso de que no se queden solos y, con excesiva frecuencia también, no sabemos (o nos empeñamos en no saber) dónde colocar a nuestros muertos. ¿Deberían volver? ¿Sería mejor que volvieran?

 Éste es el punto de partida y una  de las claves de Los enamoramientos,  la última novela de Javier Marías: algo así como la quintaesencia de su personal forma de narrar, Marías en estado puro.

Sobre la incertidumbre y obstinación que manifestamos los humanos para “convivir” con ellos, en el descubrimiento de esta incertidumbre y constatación, el autor es capaz de tejer una apabullante trama de reflexiones, de indicios y conjeturas que seducen y espantan, que apasionan y sonrojan.

 Ésta es una novela sobre la condición humana en su sentido más estricto; y lo es a la manera de la mejor novela del XIX. No en vano los acontecimientos y las intuiciones, las sospechas, el espanto y la piedad se van completando con las historias (pocas veces tan oportunas) que de manera tan natural se deslizan por diálogos y personajes; historias de Balzac, de Dumas y, como es obvio, de Shakespeare.

 Estamos poco acostumbrados a la reflexión y la narrativa contemporánea es más de aventura y de acción que de reflexión. La palabra es la portadora de la razón y el cambio de una partícula puede llevar al pensamiento en una dirección imprevista, escribía Benet, reconocido por el propio Marías como amigo y maestro,  hace más de veinte años. Un examen atento de cualquiera de nuestras acciones, por insignificantes que parezcan, del matiz imperceptible de una reacción o de un sentimiento, constata Marías, desata nuestra búsqueda de razones y de consecuencias en direcciones imprevistas.      En Los enamoramientos el autor nos guía en este viaje fascinante y aterrador que es el descenso a nuestro  interior más descarnado y oculto, a esa especie de trastienda que ignoramos o que no nos atrevemos a abrir.

 ¿Todo es justificable? El enamoramiento es como un moderno filtro que frena, retrasa, acelera o aniquila nuestra capacidad de reflexión y de “recto juicio”, para anclarnos a todas las justificaciones posibles. Los enamoramientos, más o menos intensos, más o menos duraderos, actúan sobre nuestra capacidad ética como un sorprendente narcótico, consiguen poner en pie un intrincado ovillo de justificaciones, engaños y mezquindades; nos conducen a aceptar lo ineluctable del destino y a creernos piadosos  actores voluntarios de una historia ya escrita y, por tanto, fuera de nuestro alcance y de nuestras decisiones.

 Reflexión sobre la condición humana, en definitiva, en una novela grande, de la que, como especie, no salimos bien parados. Condición humana de unos y puede que, potencialmente, de todos. Como en la historia de Borges, Acaso Schopenhauer tiene razón: yo soy los otros, cualquier hombre es todos los hombres. Yo soy Vincent Moon. Ahora desprécieme.

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