Un ejemplo de superación de la crisis por amor al trabajo

LA ARTESANÍA, LA CERÁMICA Y LA TRADICIÓN DE UN PUEBLO: Las consecuencias de la crisis en los pueblos con cultura popular.

Francisco Saavedra lleva 40 años en la alfarería, comenzó a trabajar siendo un niño por tradición.

MARÍA AMELIA GONZÁLEZ, Madrid.

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Francisco Saavedra elabora en el torno las piezas de barro
/Fotografía: María Amelia González.

Con sólo 9 años, en 1973, Francisco Saavedra comenzó una tradición típica de su pueblo y su familia, la alfarería. Profesión que se ha seguido de generación en generación por muchas familias de su tierra; Salvatierra de los Barros. Como pueblo artesano y alfarero, esta población pacense recibe su apellido “de los Barros” no por encontrarse dentro de la Comarca de Tierra de Barros (Badajoz, Extremadura), sino por ser un pueblo dedicado a la producción de alfarería. Una profesión de la que todavía siguen viviendo alrededor de 20 familias con sus alfarerías en el pueblo salvaterrense. La familia de Francisco es una de ellas. Desde muy pequeño, Francisco comenzó a ayudar y a trabajar con su padre en el torno dando forma a numerosas piezas de barro “Comencé con mi padre en el torno, le ayudaba a mover los cacharros para que se secaran y le ayudaba a arreglar el barro” afirma el alfarero.

Con el paso de los años, la profesión ha cambiado y se ha avanzado mucho en técnicas de creación y decoración así como en la forma de trabajar y vender. “Antiguamente mi padre  vendía en la alfarería. Se encargaban y se hacían pedidos de cara a la primavera, que era cuando empezaban a llevarse los cacharros los arrieros”, explica Francisco. Los arrieros o vendedores se encargaban de recorrer España y el extranjero con sus burros cargados de piezas para poder vender la industria que tanto tiempo de elaboración y trabajo les había costado.

La alfarería sigue siendo la industria principal de la que viven muchas familias en Salvatierra de los Barros. Cada dos años, en la localidad se celebra “La Feria Ibérica de la Alfarería y el Barro”, y gracias a su labor y tradición ha sido reconocida recientemente como Área de Interés Artesanal. Pero, vivir de la alfarería en Salvatierra no es tan sencillo. El camino de Francisco hasta llegar a la consolidación de su profesión no ha sido siempre fácil. Por eso, su mujer, Carmen Salguero, siempre le ha acompañado y ayudado, juntos han llevado a cabo un sueño y una tarea común. “En 1991 decidí junto a mi esposa fundar mi propia empresa, construyendo una fábrica en la cual continuamos hoy día”. La creación de esta fábrica supuso el comienzo de una larga trayectoria personal y profesional de la que aún siguen viviendo, intentando superarse en la creación de piezas de calidad. Poco a poco, la labor artesana de dedicación a la cerámica se ha ido perdiendo cada vez más a través de las generaciones debido a la crisis comercial y al desarrollo cultural del pueblo. Francisco Saavedra asegura que es muy difícil vivir de la cerámica en la actualidad “La alfarería no es una cosa que esté de moda ahora para dar de comer”. Y comprende que cada vez haya menos familias que sigan la tradición alfarera de padres a hijos. “Si mis hijos quieren dedicarse a la alfarería les animaré, cada uno tiene que elegir su camino, como yo elegí el mío. Me he preocupado de que tuvieran una formación, pero ellos son los que tienen que decidir y la verdad es que vivir hoy de la alfarería es muy complicado”, dice Francisco.

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Stand de Francisco Saavedra en la Feria de Cerámica de Toledo. Fotografía: Cersal

 Saavedra ha notado un enorme cambio en las ventas con la llegada de la crisis económica. Con el paso de los años, ha tenido que desplazarse de su casa y ha considerado muy necesario participar en diversas ferias de artesanía realizadas en otras zonas para poder conseguir beneficio económico.  “Ahora tienes que desplazarte fuera y no seguir vendiendo solo en la alfarería como hacía mi padre. Nosotros distribuimos por toda España, además de Portugal, Italia y Francia”, expone el alfarero. Desde que comenzó la mala situación económica, Francisco y su familia han tenido que aumentar sus viajes para poder vender las piezas de barro realizadas, pero trasladarse y conocer nuevas ferias y lugares no siempre ha sido una solución a los problemas. “Lo peor de estar fuera de casa es desplazarte y tener muchos gastos para luego no vender”, argumenta Francisco.

Actualmente, la crisis ha provocado que esta tarea de desplazamiento comercial haya sido necesaria para que muchos alfareros del pueblo hayan logrado subsistir y vivir de la profesión.  Además el consumo de los productos fabricados ha descendido conforme ha llegado la mala situación económica. “El consumo de los objetos de alfarería ha disminuido mucho y es en lo que más estamos notando la crisis.  No son productos de primera necesidad y la gente no compra”, explica. No obstante, asegura que desde que se dedica a su profesión siempre ha conocido crisis, unas más graves que otras. “Cada vez ha ido costando más trabajo vender, hemos tenido que esforzarnos en sacar cosas nuevas para seguir viviendo de esto”, relata Francisco.

Las nuevas alternativas se han ido convirtiendo en la única manera de lograr sobrevivir en la profesión. Desplazarse fuera de casa cada vez en mayor medida, crear nuevos productos e innovar con nuevas técnicas  para poder vender han sido tres aspectos esenciales que han permitido que Francisco siga viviendo de su trabajo. “Hemos tenido que innovar, creamos nuevas piezas, tenemos página web y trabajamos por encargo en ferias y exposiciones”, añade Francisco Saavedra.

Para ayudar y promover la artesanía se creó la Asociación Extremeña para la Promoción de Artesanía. Una asociación que cuenta con diputaciones en Cáceres y Badajoz y cada vez con más tiendas para vender los productos artesanos. Francisco forma parte de esta asociación y logra vender algunas de sus obras en sus tiendas. Reconoce que es una gran iniciativa para ayudar al trabajo de calidad que realizan muchas personas, pues elaborar una pieza de barro no es fácil, al igual que cualquier otro producto artesano. Toda creación precisa de un laborioso tiempo y trabajo. Una pieza de barro puede tardar en hacerse completamente una semana mientras se moldea el barro, se decora, se pinta a mano y se cuece en el horno. En muchas ocasiones las personas no comprenden  el esfuerzo y trabajo de creación de las piezas, y esto es lo que más le duele a Francisco pues, según el alfarero, “se valora muy poco el trabajo artesanal y se compran productos similares, de menor calidad en grandes bazares”.

Francisco Saavedra afirma que ha tenido que avanzar trabajando nuevas piezas para desarrollarse como creador y sentirse realizado como alfarero. Tanto su mujer como él han tenido que mejorar en la elaboración de productos conforme ha ido evolucionando la sociedad. Ellos siguen creando piezas tradicionales para coleccionistas, fundamentalmente, que emplean sus obras para decorar, pero también experimentan con la creación de nuevos productos, tanto para el uso en el hogar como para adornar. “Todo esto realizado por mí y mi esposa Carmen,  en cuya tarea nos dejamos la piel en la realización y creación de cada pieza. Llevar a cabo nuevas ideas no es fácil, y se precisa mucho tiempo para pensar en la creación de algo que suponga el acto de venta”, expresa Saavedra.

A pesar de las dificultades con las que se han encontrado en muchas ocasiones por no vender fuera de su tierra, Francisco y su mujer nunca han perdido la ilusión y han elaborado cuidadosamente cada pieza con el cariño que les corresponde. Aseguran que cada pieza es una nueva creación, ninguna es igual que la otra porque se realiza a mano, moldeando con cariño el barro. “Estamos volcados los dos en el oficio ya que a los dos nos tiene «sorbido el seso». Esto nos lleva a elaborar piezas que transmiten el cariño con el que las hacemos». Francisco Saavedra no se explica su vida sin su trabajo, por eso se esfuerza en progresar constantemente.

Ante la búsqueda de nuevas iniciativas para mejorar su situación laboral, Francisco no se ha conformado con desplazarse fuera e innovar, sino que decide también afrontar nuevos retos dando pequeños cursos de alfarería. El primer curso lo impartió en el año 1992 como monitor, a un total de 15 personas en la primera casa de oficio de su pueblo,  Salvatierra de los Barros. El curso tuvo una duración de un año y en él Francisco enseñaba a tornear y cocer fundamentalmente. Cuando se creó la segunda casa de oficio en el pueblo, el alfarero ejerció de coordinador, junto a 8 monitores y 45 alumnos, de tres especialidades: el esmalte, el torno y la decoración. También trabajó coordinando este curso durante todo un año.  En 2006, Francisco decide dar un nuevo curso, esta vez junto a su mujer, Carmen, en la Universidad Popular de Olivenza (Badajoz). Los dos juntos realizan un curso de alfarería y decoración durante dos meses. En el año 2008, los dos vuelven a dar un curso de unas 200 horas, sobre técnicas de pintura y decoración, en Almendral (Badajoz). Unos meses más tarde, los dos imparten otro más en Casatejada (Cáceres) para la Asociación de Promoción de Artesanía de Extremadura y la Diputación de Cáceres.

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Carmen pinta a mano las piezas de barro con óxidos y las cubre con esmaltes /Fotografía: María Amelia González.

Tanto trabajo, obtuvo su recompensa. En el año 2006, Francisco fue agraciado con el primer premio del XXXV Concurso Internacional de Cerámica y Alfarería de Zamora por un plato hecho y pintado a mano de gran tamaño.  Este premio le recompensó por el reconocimiento a su trabajo pero también económicamente, pues obtuvo 3.000 euros por la creación de este gran plato amarillo con un pavo real pintado en tonos verdes. “Pensamos primero en hacer un plato de difícil ejecución, de envergadura, aplicando un material nuevo a la alfarería como era el barro de loza”, explica Francisco. En el año 2010 recibió el Premio al V Accésit Artesanía tradicional por su obra “Ollas para cocido” en los premios de la Junta de Extremadura. “Ganar un premio hace que sientas un gran reconocimiento al esfuerzo de superación y trabajo de toda una vida dedicada a tu oficio”, reconoce Francisco. Lo más gratificante para el alfarero a lo largo de los años es poder vivir gracias a sus creaciones, que a las personas les guste su trabajo y lo valoren en su compra.  Por encima del valor económico de cada una de sus piezas, Francisco valora enormemente el cariño con que las personas las compran para decorar y utilizar en sus casas. Este alfarero extremeño y salvaterrense realiza sus productos para compartirlos con el público y le satisface que la gente compre y decore sus casas con los resultados de su trabajo, aún en tiempos de crisis,  porque realmente aprecian y quieren para ellos los productos.

Francisco Saavedra no comprende su vida sin su profesión, por eso espera que la mala situación por la que está pasando España y el ámbito comercial en especial, se solvente pronto. Afirma que seguirá luchando por su trabajo y por seguir adelante con su tarea como ha hecho hasta entonces. “La alfarería para mí es media vida, es lo que me ha dado de comer, lo que me ha mantenido, de lo que he vivido y lo que me ha gustado hacer y querré hacer siempre”.

MARÍA AMELIA GONZÁLEZ es actualmente estudiante del MUIP

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