El boom de la literatura china y su escasa repercusión en España

 Wang JunJie   

La literatura china está en pleno crecimiento. En el gigante asiático, los autores narrativos abordan todos los estilos de la novela con gran éxito (contemporánea, histórica, de artes marciales, fantástica, romántica, policiaca, de ciencia ficción, de humor, etc.). Estas novelas se publican en dos formatos: papel convencional y también en el formato de lectura online, con opciones novedosas.

El formato de libro en papel está disponible para un amplio público a un precio muy accesible (el precio medio del libro en China es de 35 yuanes (2016), lo que equivale a 4,6 euros). Este precio barato permite una gran difusión de las obras impresas.

El formato electrónico de los libros se ha desarrollado de manera rápida a lo largo de los últimos años gracias a plataformas de internet que comercializan las obras de los escritores por capítulos. Los lectores pagan por entrega a un precio muy asequible (de unos yuanes). Esta fórmula está disponible en plataformas especializadas que reúnen a miles de escritores. Así, las plataformas Qidian, QQ Reading, Yuedu y Dangdang, entre otras, ofrecen decenas de miles de títulos en lectura online. Los suscriptores pueden pagar por capítulo o tener una suscripción mensual con un bono. Esta fórmula de pago por lectura ha creado un entorno cultural muy dinámico, con miles de escritores y millones de lectores. Por ejemplo, el escritor Tang Jia San Shao publica principalmente sus novelas de artes marciales en las plataformas online.

España y China son dos países separados por una gran distancia cultural y geográfica. Los primeros intercambios entre China y España dataron del siglo XVI, con los primeros misioneros jesuitas y agustinos. En aquel entonces, Fray Juan González de Mendoza escribió una de las obras de divulgación sobre China más importante de la época: Historia de las cosas más notables, ritos y costumbres del gran reyno de la China. Publicada en 1585, tuvo una enorme repercusión y difusión en Europa. Pero a lo largo de los siglos siguientes, las relaciones entre España y China fueron muy escasas. De esta manera, se puede decir que el conocimiento cultural mutuo es muy pobre. Se basa en la difusión de diversos estereotipos.

Desde la tesis fundamental de Edward Said sobre orientalismo sabemos que Occidente percibe Oriente como un reflejo imposible y distorsionado de sus propios fantasmas, temores y sueños, a veces de riqueza y de erotismo. En el caso de la literatura china, esta atracción por el exotismo se encuentra en las llamadas escritoras atractivas: Mian Mian (1970), Wei Hui (1973), Chun Sue (1983), entre otras. Helena Casas Tost y Sara Rovira Esteva, en un ensayo sobre el tema, dicen que estas escritoras “hacen un retrato de una nueva mujer china, han sido recibidas en Occidente con una notable aceptación”. Subrayan que este éxito radica mucho más en sus características sociales de mujeres liberadas que en su valor literario.

Asimismo, los disidentes políticos son apreciados por su valor de contestación. Los premios internacionales actúan como focos potentes en el mundo de la literatura. Permite que unos nombres salgan de la sombra, del inevitable olvido de estos escritores del más lejano país. Fue el caso de Mo Yan (1955), Premio Nobel de Literatura en 2012. Pero estos casos son muy puntuales y no reflejan la diversidad y riqueza de la literatura china contemporánea.

Se puede decir que la imagen del valor literario de Extremo Oriente en España está ocupado en primer lugar por los escritores japoneses, tanto clásicos (Mishima, Soseki, Junichiro), como contemporáneos (Murakami, Ogawa, Higashino). En cambio, los escritores chinos tienen mucho menos presencia en las estanterías de las librerías españolas. Además, a menudo los escritores chinos interesan el público español por razones que no son estrictamente literarias como explica muy bien en su blog el escritor Alberto Olmos (Segovia, 1975), en una entrada sobre Una pizca de maldad, un nuevo libro del escritor Ah Yi: “El problema con las traducciones de libros de China, de Mongolia o de Kenia es que nos interesa más China, Mongolia o Kenia que la literatura. Los editores siempre traducen libros chinos donde se vea mucho China, los lectores siempre se interesan por ellos en la medida en la que los transporten a esos países lejanos y desconocidos; y los críticos siempre tienen guardada la misma frase para todos estos libros: “Una gran metáfora sobre la China contemporánea”.

Ah Yi Una pizca de maldad

En las dos últimas décadas, China ha crecido muy rápidamente en la escena internacional por su poder económico. Pero es un país aún muy desconocido para los españoles. Su nueva posición como potencia mundial hace más visible el vacío de información. Por este motivo, afortunadamente hay personas que se acercan más a las novelas chinas como un medio y un modo para conocer China con un interés estrictamente literario. Esto puede crear un sesgo en la selección de las obras de escritores chinos que se traducen al español: se seleccionan más por su perfil social (ejemplo de las escritoras atractivas) y eso lleva a una disminución de la diversidad y de las oportunidades de un auténtico acercamiento cultural a China. También afecta la dificultad de encontrar traducciones de calidad para las obras chinas.

Es tiempo de descubrir la literatura china y su boom de escritores noveles con la mirada de la creatividad y del valor artístico. Desde hace demasiado tiempo, la visión de la crítica y de los editores está sesgada por el folklore local, la conflictividad social o el atractivo del exotismo en sus diversas formas.

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Referencias citadas:
Alberto Olmos. El brutal escritor chino que hay que leer es un expolicía de provincias. Blog Mala fama, 02-05-2018.
Helena Casas Tost y Sara Rovira Esteva (2008). «Un análisis traductológico e intercultural de la literatura popular china: el caso de las ‘escritoras guapas’ «. TRANS , núm. 12, 2008, pp. 211-230.
Edward Said (2002). Orientalismo. Madrid, Debate.

*Wang JunJie es alumno del MUIP. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Beijing (China) 

 

 

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